Miguel von Dangel y el retorno a la niñez

17 Junio, 2015 - Ricardo Del Bufalo

Tuve la oportunidad de entrevistar al pintor Miguel von Dangel, una experiencia bastante interesante y valiosa para mí. Fue publicada en la edición 26 de la Revista OJO.
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“A menos que volváis a ser niños

no entraréis al reino de los cielos”

Mateo 18:3, parafraseado por von Dangel

A Miguel von Dangel hay que dejarlo hablar. Si uno lo interrumpe, corre el riesgo de perderse una idea genial o una imagen maravillosa. Se toma su tiempo, eso sí, para no decir algo que no quiere. Fuma bastante, quizá porque lo ayuda a pensar.  Su discurso suele estar acompañado de parábolas bíblicas, que a ratos cita de memoria, para luego reflexionar sobre ellas.

De sus obras está lleno el taller donde duerme  —o la casa donde trabaja, como se quiera ver—, una quinta común y corriente de Petare donde ha vivido desde los dos años. Muchas pinturas decoran sus paredes, otras permanecen en clósets y varias están expuestas en distintos museos del país. 

En su primera entrevista de alcance nacional, publicada el 2 de junio de 1965 en el diario La Esfera, el artista plástico definió su estilo como expresionista. “Lo infantil que pueda tener mi pintura —decía el joven pintor— representa las vivencias por las cuales todos hemos pasado y yo simbolizo esa auténtica libertad creadora que solo tienen los niños”. Von Dangel cree que el artista tiene una mentalidad inmadura y que el humano viene al mundo a hacerse un alma adulta. Sin embargo, piensa, “hay que volver a ser el niño que fuimos, que dejamos atrás por convencionalismos sociales”, y cita a San Mateo.

La religiosidad reflejada en sus pinturas se explica por su tradición iconoclasta: proviene de una familia luterana, tan religiosa que incluso cuenta condos abuelos pastores. “Yo creo que el hecho pictórico es un hecho religioso —comenta— es una posibilidad de conectarse con el más allá”, no a través de la imaginación, sino más bien de la revelación.

Hitos

¿Cuáles considera usted sus obras más importantes?, le pregunto. Me dice que a él no le corresponde hacer esa conjetura, pero deja su cigarro en un cenicero y me pide que lo acompañe. Me guía a un estante donde está guardada una pieza de una de sus obras favoritas: Caucagüita, un pedazo de tierra encapsulado en resina. ¿Por qué es su favorita? “Es asombroso tener un momento congelado”, dice.

Otra obra que guarda con cariño la hizo en su juventud. “Fue con la que salté a la opinión pública; sin quererlo, porque yo no andaba buscando eso”, me comenta. Cuando tenía 20 años, Miguel, el joven taxidermista, se topó en la calle con un perro que acababa de ser atropellado. Ya estaba muerto, así que decidió llevárselo para disecarlo y conservarlo.

Pero no fue sino tres años después que hizo una escultura con el perro. Una pieza muy controversial en su momento, que provocó la ira de un sacerdote católico, quien la tiró al piso en la inauguración de la exposición. Nadie sabe la razón, quizá haya sido porque la obra tiene un perro crucificado, que lleva por título Retrato espiritual de un tiempo. Para él, esa escultura no es herética; todo lo contrario, es piadosa, de una “belleza horrible”, que simboliza una época de descreimiento.

“Somos lo que podemos crear”

Para el petareño alemán, haber viajado en su juventud por distintos pueblos indígenas le hizo pensar que al hombre lo hace la cultura y no la sangre. “La cultura es la materia prima para construir, somos lo que podemos crear”, me dice. La creación artística es, para él, un proceso, un cambio, una transformación. “El arte es un devenir”, suelta de repente. Se detiene y me dice “dame un momentico, déjame anotar esa frase” y la escribe en la portada de un bloc de dibujo.

Von Dangel vive acompañado de dos perros y una guacamaya. Está divorciado y tiene una hija en el exterior. Es un hombre solitario, ermitaño, que únicamente contacta con personas indispensables: las asistentes de trabajo y pocos buenos amigos. A pesar de eso, sus palabras revelan que cree en el equipo. Verbigracia, en plena conversación se le ocurre una metáfora y me dice “la hicimos juntos”, porque, según él, la pensó gracias a mi pregunta.

El profesor que desertó de la escuela

Miguel Von Dangel estudió Arte en la Escuela Cristóbal Rojas, pero a los dos años la abandonó, alegando estar poco interesado en los estudios académicos, y se convirtió en autodidacta. “Eso me obligó a ser mucho más riguroso, y a estudiar mucho más”, agrega.

Cuenta su biógrafo, Eddy Reyes, que haber conocido al artista Bárbaro Rivas fue determinante en la decisión de abandonar la escuela. Y cita sus palabras: “lo que hace éste (Rivas) metido en su rancho lo puedo hacer yo metido en mi casa, y si éste no se muere de hambre yo tampoco me voy a morir de hambre”, así que se metió en su casa.

En los años 70, von Dangel se encontraría de nuevo con la pedagogía, pero esta vez desde la otra cara de la moneda. Fue profesor de pintura en el Retén de Caracas. Aunque lo aceptó porque no tenía trabajo, duró solamente un año, ya que resultó una experiencia traumática. Las clases funcionaban como terapia ocupacional para los reclusos, que podían ser desde asesinos en serie hasta niños encontrados deambulando por la calle.

Von Dangel tiene un recuerdo tormentoso de un niño inocente al que no le podía dar clases, porque era abusado sexualmente por los reos. El niño tenía que aislarse de los demás internos para poder salvarse. Von Dangel lo recuerda sentado en un rincón, en ropa interior, con el cuerpo cubierto con sus propias heces fecales. Todo con el propósito de ahuyentar a sus vejadores. Esa realidad tan hostil hizo que sus alumnos nunca estuviesen demasiado interesados en la plástica. Después de la primera muestra colectiva, no lo llamaron más.

En la actualidad, el retén de Caracas no existe. Hoy es la sede del Museo de Arte Contemporáneo. “Qué ironía”, comenta. Y me regala una imagen poderosa, con gran contenido crítico: “sería interesante imaginarse a los fantasmas de los niños llenos de mierda, caminando en las noches por los pasillos del museo”. Esa imaginación, que los conservadores tildarían de insolente, es lo que hace a von Dangel gozar de esa “auténtica libertad creadora que solo tienen los niños”.