Los tres regalos

28 Diciembre, 2016 - Ricardo Del Bufalo

—Epa, Gaspar, Melchor, aquí pensando… ¿Ustedes qué le compraron de regalo al Niño? Yo oro.
—Yo incienso.
—Yo mirra.
—¿Es en serio? ¡Dijimos que el límite del regalo era 500.000 y que iba a ser arrecho!
—Dijimos que el límite era 500.000, no que teníamos que llegar al límite, jajaja.

—Jajaja.
—Qué pajúos son, de verdad.
—Jajaja no te piques, marico.
—Sí, jajaja. Velo así: tú vas a ser recordado como el que llevó el regalo más arrecho.
—Sí güevón, y como el que quedó pelando bola después de comprarlo.
—Jajaja.
—Jajaja… Ah… Ya este viaje está demasiado largo, ¿no? ¿Qué tal si nos devolvemos?
—No si. ¿Y qué hacemos con los regalos? Se los tenemos que entregar al Niño.
—Podemos jugar regalo robado entre nosotros.
—¡Coño, buena idea!
—De bolas, a ustedes les parece buena idea porque sus regalos son una mierda. Incienso y mirra, no me jodan. ¿Cómo le regalan eso a un bebé?
—Incienso para que le huela rico el pesebre…
—Y mirra para que huela rico el bebé…
—Por los dioses, ¿mirra para el Rey de reyes? ¿Tú quieres que salga huelemirra como tu sobrino drogadicto, Melchor? De vaina no le llevas sales de baño.
—Ay pero qué sensible. Pareces una mariquita. La princesa maga, te voy a decir.
—Sus regalos son una mierda y lo saben.
—Ah bueno, ¿pero qué querías que le diéramos? ¿Una mansión y una corona?
—No, marico, pero si uno pone un límite al regalo es para algo. No pones el límite de 500.000 para comprar un regalo de 4.000.
—Bueno, nosotros hacemos magia, no billete.
—Baltasar, ¿y de dónde sacaste tú tanta plata? Para ver tu regalo.
—Está guardado en el cofre.
—Apuesto que no es oro.
—De bolas que sí es oro. No lo voy a sacar en medio del desierto porque brilla y los maland… ¡Qué haces, Gaspar! ¡Suéltame!
—¡Agarra el cofre Melchor! ¡Ábrelo!
—¡Yo sabía! ¡Es oro de fantasía! ¡Este negro pirata!
—¡No es de fantasía, dame!
—¡Sácalo para verlo!
—¡Mira cómo brilla esta mierda, Gaspar!
—¡No joda! ¡Brilla más la arena que esa piedra chimba.
—Coño, vale, lo importante es la intención.
—Ah, ahora sí.
—Tanto peo para nada.
—Perdón, muchachos.
—…
—…
—¿Podemos olvidar esto que pasó?
—…
—…
—¿Qué tal si nos devolvemos y jugamos regalo robado?